Veinte años después: el legado del Padre Wasson sigue vivo

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El 16 de agosto de 2006, el Padre William Wasson fue llamado a la presencia del Señor. Su vida fue reconocida por su gran labor como fundador de las casas de Nuestros Pequeños Hermanos (NPH) en nueve países de Latinoamérica y el Caribe. Desde que nació el primer hogar en México, en 1954, su amor quedó plasmado en el corazón de todos aquellos que lo conocieron, y persiste latente en cada nueva generación hasta el día de hoy.

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Veinte años después – Un legado que vive en nosotros

Veinte años después de la partida del Padre Wasson, su legado no solo permanece en los hogares que fundó o en la vida de los niños que transformó. Sigue vivo en los innumerables actos de compasión que continúan dando forma a la misión que compartimos hoy.

Rafael Bermúdez recuerda uno de esos momentos durante una visita del Padre Wasson a México.

En aquella ocasión, el Padre pidió a Rafael que invitara a un grupo de jóvenes de uno de los hogares de NPH, conocidos por el apodo de «los Alcatraces» debido a su constante mala conducta. Muchos de los demás niños no podían entenderlo.

«¿Por qué el Padre va a invitar precisamente a los que siempre se portan mal?», preguntaban. «¿Por qué no a quienes nos portamos bien?»

Rafael simplemente respondió: «Él es nuestro Padre. Seguramente quiere transmitirles un mensaje.»

Durante el almuerzo, el Padre Wasson dedicó tiempo a hablar con cada uno de los muchachos. Les preguntó su nombre, escuchó su historia y los animó con cariño a tomar mejores decisiones.

Entonces llegó al último niño.

«¿Cómo te llamas?», preguntó el Padre.

«Guillermo», respondió el niño.

«¡Mi tocayo!», contestó sonriendo. «¿Y por qué estás aquí? ¿Qué hiciste?»

El niño respondió con total inocencia.

«Padre… yo ni siquiera vivo en esa casa. Vivo en la hacienda. Vi que el autobús escolar amarillo se estaba llenando de niños, así que me subí y me escondí en el último asiento. Cuando llegué aquí vi toda la comida y las piscinas… por eso estoy aquí.»

Todos estallaron en carcajadas.

Pero detrás de aquel momento tan simpático había una enseñanza mucho más profunda.

El Padre Wasson nunca comenzaba juzgando a un niño por lo que otros decían de él. Miraba más allá de las etiquetas, de la reputación o de los errores para descubrir a la persona que tenía delante. Y gracias a la sinceridad e inocencia del pequeño Guillermo, todos recordaron que los niños muchas veces tienen tanto que enseñarnos como nosotros a ellos.

Veinte años después, el ejemplo del Padre Wasson sigue desafiándonos.

¿Quiénes son los «Alcatraces» en nuestra propia vida, esas personas que han sido malinterpretadas, ignoradas o juzgadas demasiado rápido? ¿Nos detenemos a conocerlas como lo hacía el Padre Wasson, viendo no solo sus dificultades, sino también su dignidad y su enorme potencial?

¿Cómo estamos ayudando hoy a continuar su legado? ¿A través de nuestro trabajo, de nuestra amabilidad, de nuestra generosidad, de nuestra defensa de los más vulnerables, de nuestras oraciones o, simplemente, tratando a cada persona con el amor y el respeto que merece?

Quizás el mayor homenaje que podemos ofrecer al Padre Wasson no sea solamente recordarlo, sino seguir viviendo los valores que dieron sentido a su vida. Su misión ya no es únicamente la de él: ahora también es la nuestra.

Que este aniversario renueve nuestro compromiso de ser instrumentos de esperanza, para que las futuras generaciones puedan experimentar el mismo amor, dignidad y sentido de pertenencia que el Padre Wasson creía que todo niño merece.

«Todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más pequeños, por mí lo hicieron.»

Mateo 25,40

Paz y bien.

Una oración de gratitud por el Padre Wasson

Dios amoroso y fiel,

Hoy hacemos una pausa para darte gracias al recordar al Padre Wasson, cuya vida fue un reflejo vivo de Tu compasión. Han pasado veinte años desde que lo llamaste a Tu presencia, pero las semillas de amor que sembró siguen floreciendo en la vida de miles de niños, familias, colaboradores, voluntarios y amigos en todo el mundo.

Gracias por darle el valor de ver en cada niño no una carga, sino un hijo o una hija amados, dignos de vivir con dignidad, oportunidades y amor incondicional. Donde otros veían limitaciones, él veía posibilidades. Donde otros daban la espalda, él abría su corazón.

Señor, ayúdanos a no permitir que su legado se convierta únicamente en un recuerdo. Que siga siendo una misión viva que continúe a través de nuestras manos, nuestras palabras y nuestras decisiones. Enséñanos a acoger a quienes se sienten olvidados, a proteger a los más vulnerables y a amar sin esperar nada a cambio.

Cuando nuestro trabajo se vuelva difícil, recuérdanos la fe inquebrantable del Padre Wasson. Cuando nos sintamos cansados, renueva nuestra esperanza. Cuando la tentación sea concentrarnos en los obstáculos, ayúdanos a ver primero a las personas antes que los problemas, y el amor antes que las limitaciones.

Que cada niño que encuentre un lugar seguro, cada joven que descubra la esperanza y cada familia que experimente compasión sea un testimonio de la visión que pusiste en su corazón.

Encomendamos al Padre Wasson a Tu abrazo eterno, con la certeza de que el amor que compartió en esta tierra encuentra ahora su plenitud en Tu presencia.

Haz que seamos dignos custodios de la misión que él inició, para que las generaciones venideras sepan que son amadas, valoradas y que nunca están solas.

Amén.

Este testimonio nos recuerda la infinita misericordia que Dios nos ofrece a través de personas amorosas como el Padre Wasson.

Cada día es una oportunidad para renovar este compromiso de generosidad que transforma la vida de cientos de niños, adolescentes, jóvenes y familias.

¡Gracias a todos los colaboradores, donantes y demás bienhechores que trabajan por honrar el legado y memoria del Padre Wasson!

Si deseas ser parte de la misión, anímate a dar el siguiente paso.

 

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