El motor de la inconformidad: Rompiendo el molde desde la infancia
Hay quienes ven las dificultades de la vida como un destino final; otros las ven como un punto de partida. Para Mynor, quien ingresó a Nuestros Pequeños Hermanos Guatemala en San Andrés Itzapa, Chimaltenango, Guatemala, en 2005 a la edad de 8 años, el camino hacia el éxito no empezó siendo fácil. Sus primeros meses estuvieron marcados por la resistencia y el difícil proceso de adaptación propio de un niño pequeño que se enfrenta a un entorno desconocido. Sin embargo, en el momento en que aceptó su nueva realidad, encendió un impulso interno que no se ha detenido desde entonces: un deseo implacable de superación.
A pesar de comenzar su educación primaria desde cero debido a una falta inicial de documentación, Mynor convirtió las aulas en su escenario de victoria. No se conformaba con solo pasar; su meta era sobresalir. Este enfoque lo llevó a graduarse tanto de la primaria (2011) como de los básicos (2014) con los máximos honores como el mejor estudiante de su clase.. Su desempeño excepcional le abrió las puertas para cursar el bachillerato en una prestigiosa institución ubicada en Chimaltenango, Guatemala. Allí, a los 15 años, experimentó su primer choque con la verdadera independencia:
«Te das cuenta de que ya no tienes supervisores ni familiares que te apoyen día tras día. Depende de ti, exigiéndote disciplina y responsabilidad si de verdad quieres un futuro mejor.»
Una Frase como Estrategia de Vida: El conocimiento como escudo
Mientras que muchos jóvenes podrían considerar el estudio como una obligación, Mynor lo adoptó como su mayor estrategia de supervivencia y crecimiento. Una frase del entonces director de la fundación, Orlando Ramos, se grabó permanentemente en su mente: «La educación es lo único que te llevarás de la fundación el día que la abandones».
Mynor comprendió que los bienes materiales van y vienen, pero el conocimiento es la única riqueza que nadie podría arrebatarle jamás. En un mercado laboral competitivo y enfrentado a las barreras sociales del país, la educación superior sería su mejor arma. Con esa claridad mental, se graduó del bachillerato en 2017 con el promedio más alto de toda la institución, ganándose el respaldo absoluto de un querido benefactor que abogó por su ingreso a la Universidad Rafael Landívar para estudiar Contaduría Pública y Auditoría.
El 5% de un País: Escalando la cima académica
La historia universitaria de Mynor no es sólo una historia de éxito; es un historial de excelencia continua. A medida que avanzaba, optó por ser agudo y «aprovechar» todas las oportunidades disponibles. Su trayectoria en la enseñanza superior refleja la mentalidad de alguien que se niega rotundamente a estancarse:
- Licenciatura (2018-2022): Se graduó como contable público y auditor con honor cum laude, logrando un promedio tan sobresaliente que fue eximido de la tradicional tesis de graduación.
- Primer Máster (2022-2024): No se detuvo ahí. Pidió apoyo a NPH para cursar un Master en Finanzas, graduándose Magna Cum Laude y convirtiéndose en la primer joven en la historia de NPH Guatemala en lograr un título de postgrado. Conocía el peso de su logro: «En Guatemala, a medida que aumenta el nivel educativo, disminuye el porcentaje de profesionales que se preparan. Sólo el 5% accede a un máster; tuve que poner las expectativas muy altas para abrir las puertas a los que venían detrás de mí.»
- Segundo Máster (2024-2025): Con la vista puesta en la dirección ejecutiva, Mynor se propuso un nuevo reto. Solicitó apoyo logístico a la fundación para autofinanciarse un Máster en Administración de Empresas (MBA). Terminó en 2025 con los máximos honores: Summa Cum Laude (graduada en febrero de 2026).
El verdadero éxito: Forjar el carácter y devolver a los demás
La superación personal de Mynor escaló con igual fuerza al ámbito profesional. Empezó desde abajo en operaciones en una importante cadena de comida rápida en 2020, pasó al área contable administrativa en 2023 y, en 2024, su impecable perfil estratégico le llevó a una destacada institución financiera como coordinador de préstamos personales, un puesto ejecutivo en el que ahora diseña estrategias comerciales y presupuestarias de gran impacto.
Con una madurez admirable, Mynor reconoce que la superación personal no consiste sólo en acumular títulos, sino en pulir el carácter y las habilidades interpersonales. Hoy, recién casado con su esposa Ruth Abigail y estudiando inglés intensamente todas las noches a las 21:00 para seguir siendo competitivo a escala mundial, Mynor encarna la filosofía del padre Wasson de «aprendiendo no sólo a tomar, sino también a dar». En su tiempo libre, vuelve al hogar infantil para dar clases voluntarias a jóvenes de secundaria sobre sus deberes.
Su consejo final a los jóvenes de NPH es un recordatorio crudo pero inspirador de lo que significa elevarse por encima de la pobreza:
«Estudiar es duro; requiere sacrificios, pero vivir una vida con pocos recursos es mucho más duro. Aprovecha la suerte de estar en NPH, porque la educación es lo único que nos hace libres».




