Servir con el corazón: una experiencia de vida en NPH

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4 Feb 2026

Soy psicóloga clínica y administradora financiera. A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de trabajar y compartir con distintas comunidades, experiencias que me han enseñado profundamente el valor de la empatía, el servicio y la importancia de acompañar a otros en sus procesos personales y familiares. Decidí ser voluntaria en NPH porque sentí el deseo genuino de poner mis conocimientos y mi tiempo al servicio de una causa que transforma vidas de manera real y sostenida. Me motivó especialmente su enfoque familiar, humano y espiritual, donde los niños y jóvenes no solo reciben apoyo material, sino también amor, educación y acompañamiento emocional.

Actualmente vivo en NPH República Dominicana, ubicado en una zona rural a unos diez minutos de San Pedro de Macorís. Frente al hogar se encuentra el Batey Nuevo y, a su alrededor, extensos cultivos de caña de azúcar. Es un lugar rodeado de naturaleza, con abundante vegetación, árboles y espacios amplios que invitan a convivir, jugar y compartir. Vivo en una casa cercana a los niños, lo que me permite estar presente también en mis momentos libres y fortalecer los lazos con ellos desde la cotidianidad.

Mis días en NPH comienzan temprano. Después del desayuno organizo mis actividades, que pueden incluir acompañamiento psicológico a jóvenes, visitas domiciliarias, entrevistas a beneficiarios del programa de extensión San Marcos, reuniones con el equipo o participación en actividades del hogar. Aunque cada día es diferente, todos tienen algo en común: el contacto cercano con los chicos y el trabajo colaborativo con otros voluntarios y cuidadores, lo que hace que cada jornada sea significativa y enriquecedora.

Participo activamente en el programa de atención a beneficiarios de la extensión San Marcos, donde acompañamos a personas que reciben distintos tipos de apoyo, como terapias físicas, ayudas económicas, medicamentos o compras básicas. Este trabajo me ha permitido conocer de cerca las realidades y necesidades de muchas familias, y brindarles un acompañamiento integral, humano y respetuoso. Además, formo parte de un proyecto en convenio con NPH Italia enfocado en la prevención del cáncer de mama, a través de actividades educativas y de sensibilización que promueven la salud y el autocuidado en las comunidades. También participo en un nuevo proyecto que busca involucrar a madres cabeza de hogar del Batey Nuevo en iniciativas de agricultura sostenible, ofreciéndoles oportunidades de trabajo y fortaleciendo su autonomía. De manera muy especial, acompaño a los jóvenes que se encuentran en su último año de servicio, brindándoles apoyo psicológico y orientación en esta etapa de transición tan importante para sus vidas.

Considero que el impacto de NPH en los niños es profundo y transformador. Al brindarles un entorno seguro, lleno de amor y de responsabilidades, los niños comienzan a vivir una experiencia auténtica de familia. En NPH se sienten protegidos, escuchados y amados; saben que forman parte de algo más grande, de una familia que los sostiene y los acompaña en su crecimiento. Ese sentido de pertenencia les permite desarrollar confianza, esperanza y la capacidad de soñar con un futuro diferente y lleno de posibilidades.

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